Las cifras con cantidades desorbitadas, son una
constante en el ámbito del fútbol. Ha llegado un momento en el cual aquellos
que atienden a los medios especializados, se han acostumbrado a escuchar
noticias haciendo alusión a millonarios fichajes de tal o cual jugador para un
equipo concreto. Sin embargo, si nos paramos a pensar en ello, nos damos cuenta
rápidamente de que el fútbol
se ha convertido en mucho más que un deporte que atrae a aficionados.
Visto de un modo más frío, lo cierto es que han quedado lejos los tiempos en
que se consideraba el fútbol como un deporte en el que el trabajo en equipo,
los valores y la competitividad sana eran las premisas. Ahora el fútbol es,
prácticamente en exclusiva, sinónimo de dinero y poder.
-El
negocio más rentable
La carrera enfervorizada de este deporte por convertirse en un negocio de alta
rentabilidad, está alcanzando sus cotas más elevadas y ahora se encuentra viento
en popa. La clave de esto está en la relación que mantiene el llamado "balompié", con otros ámbitos de la sociedad y los negocios como puede ser la política, los
medios de comunicación, la publicidad, las marcas y las redes sociales entre
otros. La vida de los jugadores, sus actividades fuera del deporte, sus
ideologías, así como los movimientos estratégicos de los más poderosos en este
sector y de sus asociados, se convierten en temas principales que mueven a un
inmenso público hacia uno u otro color.
El resultado de todo esto es una gran multitud de personas capaces de gastar
sumas convertidas en millonarias para ver, defender, disfrutar, apoyar a sus
ídolos y, de forma yuxtapuesta, comprar sus marcas de ropa, usar sus productos
cosméticos o asistir a los eventos de los que son imagen.

-Algo más
que deporteVemos entonces cómo el deporte sobrepasa la barrera del propio "deporte", dejándolo atrás con rapidez y eficacia. Ya pocos se acuerdan del disfrute de
ver una buena jugada o de la celebración desinteresada del buen hacer de un equipo,
aunque resulte ser el contrario. Estas actitudes que hablan de deportividad y
que se observan de forma común en otras disciplinas, son impensables ya en el
fútbol debido al radicalismo ideológico de algunos sectores, la incapacidad de
razonar de forma independiente de otro muchos y la intervención casi inevitable
de las cuestiones políticas en la forma de actuar de seguidores y deportistas.
Podría parecer una cuestión digna de
lamentar puesto que se pierde de forma ya casi definitiva ese disfrute
auténtico de lo deportivo para dejar paso a una confrontación constante y a un
capitalismo salvaje. Sin embargo, el negocio parece funcionar, una inmensa
mayoría de implicados está dentro de la rueda disfrutando del negocio y
participando de forma más o menos activa para mantenerlo en alza. Vemos un
resultado evidente con todo ello que se deriva en la continuación de toda esa
gran empresa que no para de generar dinero de forma constante.
(Por Jessica Williams - España)