En estos días en los que Dios nos compromete a una celebración que pone al "alma" en el lugar más importante de cada ser, porque es donde Él vive, simplemente compartimos este mensaje profundo y auténtico:
𝗗𝗶𝗰𝗲 𝘂𝗻𝗮
𝗮𝗻𝘁𝗶𝗴𝘂𝗮
𝗽𝗹𝗲𝗴𝗮𝗿𝗶𝗮
𝗵𝗲𝗯𝗿𝗲𝗮:
“Que tus despertares te despierten. Y que al despertarte, el día que comienza
te entusiasme. Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del sol que
se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo
de cada persona que se cruza en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque solo
sea pan y agua.
Y de encontrar algún momento en el día, aunque sea corto y breve, para
elevar tu mirada hacia lo alto y agradecer por el milagro de la salud, ese
misterio y fantástico equilibrio interno. Y que logres expresar el amor que
sientes por tus seres queridos.
Y que tus abrazos, abracen. Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres no dejen de sorprenderte y que nunca dejes de
maravillarte.
Y que llegues cansada/o y satisfecho/a al anochecer por la tarea
realizada durante el día. Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin
sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con la vida, ni tampoco el valor de las
cosas con su precio. Y que no te creas más que nadie porque solo los ignorantes
desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante que cada segundo de la vida es
un regalo, un obsequio y, que si fuéramos realmente valientes, bailaríamos y
cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.
Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos abraza y
nos bendice“.

Ce Multimedios....