El Primer
Mandatario argentino, Alberto Fernández apuesta a la integración regional y se
reunirá con su par brasileño, Jair Bolsonaro, en la frontera de ambos países.
De esta manera, se colocan entre paréntesis las diferencias personales e
ideológicas y ambos Jefes de Estado se encontrarán en Puerto Iguazú, a fines de
marzo 2021, para fortalecer una relación bilateral que es clave para el
Mercosur y su agenda global
Fernández
y Bolsonaro, intentarán suavizar una relación personal y política que aún
complica la agenda bilateral entre Argentina y Brasil y frena las posibilidades
de crecimiento económico e influencia global de la región. El cónclave entre
ambos mandatarios ocurrirá hacia fines de marzo y sucederá durante un encuentro
extraordinario del Mercosur convocado para rendir tributo a sus 30 años de
creación formal.

El
Presidente argentino es amigo de Lula da Silva y considera que Bolsonaro
ejecutó una persecución política contra el líder del Partido de los
Trabajadores. Este análisis personalísimo de Fernández enfrió las relaciones
diplomáticas entre la Casa Rosada y el Palacio del Planalto.
En
este contexto político, Eduardo Bolsonaro -hijo de Jair- posteó una agresión mediática
a Estanislao Fernández, hijo de Alberto. El Presidente argentino leyó el tuit,
se mordió la lengua y puso en el freezer a su colega de Brasil. “Le hice la
cruz”, comentó Alberto Fernández en Olivos.
Este
clima diplomático entre ambos socios del Mercosur causó una mini crisis
política en el Gabinete cuando Gustavo Beliz y Felipe Solá visitaron a
Bolsonaro en Brasilia y se sacaron una foto sonriendo frente a las cámaras
oficiales. Alberto Fernández cuestionó fuerte al Secretario de Asuntos
Estratégicos y al canciller -durante semanas- le clavó el visto a sus chats de
WhatsApp.

A
la situación judicial de Lula y la agresión hacia su hijo Estanislao, el
presidente sumó la posición de Bolsonaro respecto a la crisis institucional en
Bolivia -con la caída de Evo Morales-, la agenda compartida de Brasil junto a
Donald Trump en el caso Venezuela y la dirección de sus votos en la
Organización de Estados Americanos (OEA).
La
distancia entre Alberto Fernández y Bolsonaro afectaba la relación bilateral y
transformaba al Mercosur -de a poco- en un especie geopolítica en extinción.
Pero la derrota de Trump frente a Joseph Biden, una nueva perspectiva
presidencial sobre las relaciones exteriores de la Argentina y la designación
de Daniel Scioli como embajador en Brasilia, abrieron una ventana de
oportunidad que permite explicar la próxima cumbre bilateral en Puerto Iguazú.
Bolsonaro
había plegado su agenda regional a los intereses de Trump en la Casa Blanca.
Biden piensa distinto que su antecesor republicano, y al Presidente del Brasil
no le quedó otro caminó que morigerar su política exterior para América Latina.

Alberto
Fernández entendió el nuevo sesgo de la diplomacia brasileña y trazó una
estrategia regional que implica una agenda de intereses comunes que una a
América Latina desde Chile a México. Y Bolsonaro es clave en esta nueva mirada,
porque Brasil es el segundo estado de la región. Y sin Brasil, los planes
diseñados en Olivos tienen una debilidad estructural que la voluntad de un
presidente no puede suplir.
El
cambio de paso en el Palacio del Planalto y la nueva estrategia diplomática de
Balcarce 50 fue capitalizada por Daniel Scioli. El embajador argentino en
Brasil sedujo al gobierno de Bolsonaro y empuja acuerdos bilaterales que van
desde la venta del camarón a la fabricación de vehículos blindados con
financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
La
suma de estos tres factores -derrota de Trump, nueva agenda diplomática del
Gobierno y el frenesí personal de Scioli- convergieron en una decisión política
que comparten Alberto Fernández y Bolsonaro: ya es hora de estar a solas,
mirarse de frente, ajustar cuentas y dar vuelta la página.

Sin
embargo, y pese a la predisposición de ambos mandatarios, la cumbre en Puerto
Iguazú no implicará enterrar todas las diferencias estructurales del Mercosur.
Bolsonaro junto a Luis Lacalle Pou anunciaron ayer en Brasilia que buscan un
bloque regional “más flexible” en un sistema económico atravesado por la
pandemia del COVID-19.
Y
esa flexibilidad significa que cada estado miembro del Mercosur -Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay- podría cerrar acuerdos comerciales al margen del
bloque común, una alternativa jurídica que Alberto Fernández rechaza hasta que
que la situación económica en América Latina recupere sus mejores niveles
históricos del siglo XX.
La
cumbre entre Alberto Fernández y Bolsonaro podría ocurrir el 26 o el 30 de
marzo de 2021. Esas son las fechas tentativas. Y además habrá una deliberación
formal de los socios fundadores del Mercosur junto a Chile y Bolivia que son
estados asociados. La agenda es simple de explicar: las relaciones geopolíticas
con el mundo y la necesidad de integrarse sin demoras ante un virus que
destruye todo lo que toca.
(Por
Román Lejtman para Infobae)