El agua de
lluvia que cae en la chacra se infiltra y, el excedente, corre a baja velocidad
y transparente, no roja como en años anteriores. Es la evidencia de que está funcionando el
manejo de suelo en yerbales, impulsado por el Servicio de Extensión Yerbatero
del INYM, con lo cual se evita la erosión hídrica y se devuelve, lentamente,
fertilidad para más productividad.

“En las chacras donde acompañamos a
los productores en el cambio de manejo de suelo, el agua se infiltra y la que
no penetra en la tierra, corre transparente. Es el inicio, todavía falta… estas
prácticas de conservación deben permanecer y expandirse en el tiempo”, resumió el ingeniero
agrónomo Pablo Herrera, técnico del INYM en la zona centro de Misiones.
Las
fotos que acompañan este texto fueron tomadas en la chacra de Guillermo Bartel,
en Villa Unión, Campo Ramón, quien viene realizando, con el asesoramiento
del técnico Herrera, manejo de cubiertas
verdes espontáneas en sus 3,5 hectáreas
de yerba mate para minimizar la erosión que produce el agua de lluvia cuando
cae sobre un suelo descubierto, arrastrando sus partículas.

“El manejo de suelo con cubiertas
espontáneas está dando buenos resultados ya que se logró frenar la
escorrentía”,
dijo Herrera. “El agua que corre sobre
los residuos que van quedando con el manejo de la cubierta verde, ahora corre cristalina”, agregó. “Eso representa disminución en la pérdida de
partículas de suelo, mejorando de esta manera no sólo las propiedades físicas
sino también contribuyendo a optimizar las condiciones químicas del suelo en el
corto y mediano plazo”.
El
de Bartel “es un cultivo de yerba mate de
50 y 60 años”, señaló Herrera. “En su momento, el agricultor tuvo que salir a
trabajar afuera como empleado municipal y de 6 hectáreas que tenía, hoy sólo
quedan 3,5 hectáreas en producción, de las que obtuvo un rendimiento de 11.000
kilogramos el año pasado”, describió.

De
un tiempo a esta parte, Guillermo Bartel optó por dejar el trabajo como
empleado municipal para dedicarse nuevamente y exclusivamente a la chacra, con
cultivos como la yerba mate, maíz, maní
y arroz, y ese cambio abarcó también incorporar prácticas conservacionistas en
todas las actividades de cultivo para consumo familiar. “Además de cubiertas verdes espontáneas en el yerbal, para evitar la erosión del suelo plantó maní
y arroz en una pequeña parcela, donde prevé cultivar más yerba mate”, detalló
Herrera.

Bartel
además tiene un taller de mecánica de autos, camiones y tractores, y en este
lugar “está construyendo un subsolador
con las características adecuadas para poder subsolar entre los líneos de
yerba, ya que desde los inicios no se realiza esa práctica, y los ensayos
realizados con penetrómetro e infiltrómetro dieron compactación hasta los 40
centímetros de profundidad”, manifestó Herrera.

Una
particularidad en esta chacra es que no hay arroyos ni vertientes; el agua
disponible es la que llega con cada lluvia. De ahí la importancia de aplicar
técnicas para lograr la permanencia del recurso en el suelo productivo. “Lo que logramos hasta el momento con el
manejo de cubiertas espontáneas es que el agua precipitada se infiltre, y el
excedente corra limpia y a menor velocidad”, reiteró Herrera, recordando que
“en tiempo pasado lo que teníamos era agua sucia, colorada, típica de la tierra
que se pierde con cada lluvia que cae sobre las pendientes”.