El presidente
Jair Bolsonaro es nuevo blanco de las protestas, la segunda en tres semanas,
convocadas para este sábado 19 de junio en 300 ciudades por la oposición y
movimientos sociales reclamando su renuncia, el cambio del modelo económico y
una ayuda universal de 120 dólares para los trabajadores, con Brasil llegando al
medio millón de muertos por coronavirus.
Se
trata de la segunda manifestación luego de la del 29 de mayo, la cual se
transformó en la jornada más importante contra el Gobierno desde que asumió el
mandatario ultraderechista el 1 de enero de 2019.

Las
protestas opositoras ganaron volumen con
la adhesión formal del Partido de los Trabajadores (PT) del ex presidente Luiz
Inácio Lula da Silva, favorito en las encuestas para vencer a Bolsonaro en las
elecciones del próximo año.
-Panorama político
Lula,
al frente del Gobierno entre 2003 y 2010, se encuentra tejiendo una serie de
alianzas para poder construir su candidatura y empezó la tarea por el estado
donde es fuerte la familia Bolsonaro y las iglesias evangélicas más poderosas,
Río de Janeiro.
La
articulación de Lula está vinculada a la política de alianzas en Rio de Janeiro
sobre todo con el Partido Socialista Brasileño (PSB), agrupación a la que hoy
se afilió el gobernador de Maranhao, Flavio Dino, tras dejar el Partido Comunista
do Brasil (PCdoB).

En
este marco de Lula como centro electoral es que la oposición camina frente al
bolsonarismo.
En
un costado se encuentra la llamada 'tercera vía' que se disputan el laborista
Ciro Gomes y el neoliberal Joao Doria, ya que el magnate ultraliberal Luciano
Huck declaró que no será candidato y sí continuará como animador televisivo.
En
mayo, la encuesta Datafolha le otorgó a Lula la victoria en primera y segunda
vuelta contra Bolsonaro, motivo por el cual el propio presidente tomó el
mensaje y, en su peor momento de popularidad desde 2019, comenzó a organizar
caravanas de motociclistas de la ultraderecha en Río, Brasilia y San Pablo.

-Las protestas contra
Bolsonaro suman adhesiones
Desde
la oposición de izquierda, las entidades como Frente Pueblo Sin Miedo y Frente
Brasil Popular, que habían respetado los llamados a no aglomerar, convocaron
con barbijo a la oposición a manifestarse ya el 29 de mayo.
Las
protestas para pedir el "Fora Bolsonaro" sorprendieron por su tamaño
en todo el país pero sobre todo en Brasilia, Río de Janeiro y San Pablo. Este
supuesto nuevo clima llevó oficialmente al PT a convocar a la marcha, según
resolvió su directorio el martes pasado.
Lula
fue consultado por una radio del estado de Rio Grande do Norte si iba a ser la
contracara de Bolsonaro en las caravanas y participar de algunas de las
protestas, sobre todo en San Pablo, la ciudad más poblada y clave como vidriera
nacional.
"Aún no sé si voy a la
manifestación, tengo una preocupación. No quiero transformar un acto político
en un acto electoral. No quiero que los medios aprovechen eso para decir que
Lula se está apropiando de una manifestación convocada por la sociedad
brasileña",
dijo el exsindicalista.

-Reacción de Bolsonaro
El
mandatario aceleró su narrativa y agenda neoliberal de reformas (logró en el
Senado la privatización de la gigante eléctrica Eletrobras), mientras la
comisión parlamentaria de investigación de la Cámara está cercando al Poder
Ejecutivo sobre su rol e la pandemia, sobre todo por despreciar la vacunación y
apostar en remedios sin efectividad para convencer a la población a salir y
romper las cuarentenas.
La
Comisión Parlamentaria del Senado de Brasil que revisa el rol en la pandemia
del Gobierno anunció que abrió oficialmente una investigación criminal contra
el ministro de Salud, Marcelo Queiroga; su antecesor, el general Eduardo
Pazuello, el ex canciller Ernesto Araújo y otras once personas.
Bolsonaro
también fue repudiado en la comisión por haber afirmado que quien tuvo Covid-19
no necesitaría vacunarse, una noticia falsa, durante una transmisión de
Facebook.

Llamando
a Lula '9 dedos' (el ex presidente perdió un dedo meñique cuando era tornero en
una fábrica), Bolsonaro alentó nuevamente el fantasma del fraude en las
elecciones de 2022 si a las urnas electrónicas no se le agrega la impresión de
un ticket para que el votante pueda llevarlo luego de sufragar.
La
justicia electoral ha negado varias veces este pedido pero Bolsonaro apuesta en
sacarlo por ley.
En
ese sentido, sostuvo que hubo "fraude" en la elección en la que
terminó triunfando en 2018. "Hubiera ganado en primera vuelta y no en
segunda".

Y
le hizo un guiño a la derecha tradicional al afirmar que en 2014 ante Dilma
Rousseff hubo "fraude" contra el candidato Aécio Neves, del Partido
de la Social Democracia Brasileña, hoy diputado y alejado de la luz pública
tras haber sido grabado pidiendo una coima al dueño del frigorífico
multinacional JBS, Joesley Batista, durante el gobierno de Michel Temer.
En
un escenario polarizado, Bolsonaro estuvo con el pastor Silas Malafaia en
Marabá, estado de Pará, para entregar títulos de propiedad a pequeños
agricultores.
"De esta forma nos estamos
librando de las actividades nefastas del Movimiento Sin Tierra, la propiedad
privada es sagrada para nosotros", dijo el presidente en el acto, donde
los bolsonaristas dieron señales sobre cómo será la campaña para el próximo
año, cantando no a favor del mandatario pero sí entonando un "Lula ladrón".

-En Argentina, Bolsonaro
cuenta con el apoyo de Macri
Tal
como lo hicieron sus principales aliados en el exterior, Jair Bolsonaro en
Brasil y Donald Trump en los Estados Unidos, el ex presidente Mauricio Macri
sostiene todavía su peligroso discurso anticuarentena. Y aunque ya murieron más
de 88 mil personas en la Argentina por causa de la pandemia de coronavirus
Covid-19, el líder del PRO no tuvo problemas en asegurar que se trata apenas de
"una gripe un poco más grave".
"No soy de los que he creído,
realmente, que esta gripe, un poco más grave, es algo (por lo) que uno tiene
que estar sin dormir por esta situación", respondió Macri durante una
entrevista con el diario El Sol de Mendoza.
Macri
dejó en claro así que, de haber logrado la reelección habría enfrentado la
pandemia de la misma manera en la que lo hicieron Trump y Bolsonaro:
minimizándola.

(Fuente: M1)