Son
alentadores los resultados de las primeras cosechas del Programa de Renovación
de Viejos Yerbales, que el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), comenzó
a aplicar en el año 2012. La producción de hoja verde se volvió eficiente y el agricultor no duda: la chacra es el
lugar elegido para quedarse porque hay rentabilidad y tranquilidad.
La
vivienda de Juan Miguel Ivasiuta y su familia, en San Horacio, Colonia Unión,
en el norte de Corrientes, está rodeada de verde. Hace 12 años tomó la decisión
de dedicarse a la tierra que heredó, con cinco hectáreas de un yerbal plantado
en la década del 40. Inicialmente, la energía estuvo puesta en la producción de
arroz, pero lentamente fue priorizando la yerba mate y con más énfasis a partir
de la vigencia del Programa del INYM, conocido como 3 por 1.

“Ese Programa es excelente. Arrancamos
en el 2012 plantando media hectárea, y un año después completamos esa hectárea,
con plantines de la mejor genética y con el manejo adecuado de suelo y planta.
En el 2019 se hizo la primer cosecha: 17 mil kilos de hoja verde en esa
superficie, o sea lo mismo que se saca en cuatro hectáreas de un viejo yerbal,
donde el promedio es de 4 mil kilos”, ilustró el productor yerbatero.
El
Programa de Renovación de Viejos Yerbales beneficia a 360 pequeños productores
de hasta 10 hectáreas de superficie cultivada en estado de degradación, y
consiste en la implantación de una hectárea de yerba mate con material genético
y tecnología de punta, con el compromiso de que al quinto año, se direccionen a
otra actividad agropecuaria o forestal, tres hectáreas de yerbales
ineficientes. Se implementa con financiación del INYM y la participación del
INTA a través de programa Cambio Rural en Dos Arroyos, Oberá, Gobernador
Virasoro, San Carlos, Colonia Liebig, Yapeyú, Colonia Unión, Garuhapé, Concepción
de la Sierra, Eldorado, Mojón Grande, Aristóbulo del Valle, Campo Viera,
Andresito, Jardín América, San Pedro, Gobernador López, Dos de Mayo, Garruchos,
Garabí, Puerto Rico, San Vicente, Ruiz de Montoya, Eldorado, Santo Pipó, Azara
y Apóstoles.

En
cada una de las chacras de los productores participantes se realizó análisis de
suelo, sistematización del terreno, plantación, fertilización y siembra de
cubiertas verdes. Los insumos fueron provistos por el INYM, la asistencia
técnica por profesionales de Cambio Rural y los productores se encargaron del
trabajo en cada yerbal.
Nelson
Dalcolmo, representante del sector de Producción en el Directorio del INYM,
destacó que la iniciativa contribuye al arraigo rural, al lograr yerbales más
eficientes e incentivar la diversificación. “Cuando
el productor logra más hojas y agrega otra plantación a la chacra, puede
estabilizar un poco más los ingresos que tiene. Es algo que desde la Asociación
Chimiray, a la que también pertenezco, siempre fomentamos. Ivasiuta llegó a
este lugar a los dos años de estar casado y hoy tiene a su familia formada, y
decidió quedarse a vivir aquí porque tiene buenos resultados con los trabajos
que realiza”, enfatizó el director.

En
ese sentido, Dalcolmo recordó que el INYM tiene vigentes un total de 21
Programas a los que pueden acceder quienes integran la cadena yerbatera, de los
cuales 13 son específicos para el sector productivo. “Ivasiuta accedió a una
tijera electrónica para la cosecha de gajos maduros, eso es acceso a la tecnología
y repercute en la buena salud de la planta;
ahora también solicitó guinches y carritos de arrastre de raídos para la
cosecha”, expresó.
Las
tareas en esta chacra tienen un fuerte componente artesanal y ambiental. “El único trabajo mecanizado fue el tractor
para hacer los surcos donde se plantó la yerba, pero todo lo demás se hizo a
mano y con asesoramiento técnico del INYM y del INTA”, contó el productor.
“Se plantó avena para cubierta verde de
invierno, y mucuna enana en verano; se fertilizó y se tiró abono orgánico de
corral de ganado debajo de las plantas, y pude comprobar que este último es más
eficiente que el primero; se hacen casi tres cosechas anuales: el viruteo en
febrero - marzo, el despunte que empieza en julio y el mboreví en diciembre”,agregó Ivasiuta, al tiempo que reiteró la alegría de trabajar la tierra con
yerba mate: “aposté a la chacra y acá me
quedo”.