En el
complejo contexto económico que atraviesa el país, conviven una clase dirigente
que sólo piensa en el poder y, otra que busca permanentemente soluciones, que
aplaquen el impacto de la crisis. Mientras que el Gobierno misionero se
encuentra abocado de lleno a la gestión, los referentes de las fuerzas
nacionales se encuentran inmersos en las peleas internas de siempre para lograr
mayor concentración de poder.
Si hoy se decidiera elegir la palabra que más
se ajuste a la realidad política argentina, sin lugar a dudas, “desafección”,
sería una de las más votadas. Cuando hablamos de desafección no se trata de un
sinónimo de descontento. El descontento no suele afectar la legitimidad
democrática y, es sobre todo, coyuntural. La desafección se ha convertido en la
palabra justa para expresar una nueva actitud que se concreta en el alejamiento
respecto de una clase política que estaba próxima, pero a la cual ya hacía
mucho tiempo que se había dejado de apreciar. De allí que la desafección política
implica una profunda insatisfacción con los resultados de las instituciones
democráticas, independientemente del partido o individuos que las estén
operando.
Gran
parte de la clase dirigente es responsable de esta situación. Y para colmo de
males, nada hacen por revertir este preocupante presente. En la Argentina
actual se ha perdido el debate, el intercambio de ideas.
La
discusión respetuosa, sin insultos ni atribución de intenciones es fundamental
para la convivencia. En tiempos signados por rumores y difamaciones, el sano
debate de ideas se ha vuelto fundamental para el fortalecimiento democrático y
el respeto por la diferencia.
La
clase política debe entender que en un auténtico debate de ideas no ganan o
pierden personas, sino que ganan todos, porque ganan los mejores argumentos y
las ideas más convincentes. En un auténtico debate de ideas todos aprenden,
incluso a matizar nuestras posiciones, a reconocer errores, a comprender la
complejidad de los temas y aleja a todos de la simplificación que polariza la
sociedad. En un auténtico debate de ideas, los temas de discusión nunca son la
vida personal de quienes debaten. Pero cuando las personas no saben argumentar
o no tienen más argumentos por falta de profundidad o de claridad, comienzan a
señalar problemas o debilidades personales de sus interlocutores y, en lugar de
responder al argumento contrario, pierden el debate y, por consiguiente, perdemos
todos.
La
dirigencia de hoy, en su mayoría, está más preocupada por las disputas internas
y en conquistar espacios de poder que en solucionar los problemas de los
ciudadanos de a pie. Están inmersos en una burbuja en donde tienen la
convicción de que la agenda de la clase política es la agenda de la sociedad.
Enceguecidos por el poder, día a día toman más distancia de la ciudadanía y
acrecientan esa brecha que desemboca indefectiblemente en un divorcio entre la
política y la ciudadanía. Es así que comienza a tallar en el inconsciente
colectivo el sentimiento de desafección, y eso es grave porque desemboca en una
fractura cívica.
La
construcción de una sociedad que trabaje por el bien común requiere de acuerdos
y de proyectos a largo plazo. El diálogo es la herramienta fundamental que nos
permite avanzar, poniendo los argumentos por encima de los intereses
personales.
El
diálogo nos hace capaces de descubrir que no coincidimos en todo ni estamos en
todo en desacuerdo; nos permite fortalecer lo que nos une y aceptar lo que nos
divide, buscando también consensos en decisiones difíciles.
La
comunidad política es auténtica cuando existen vínculos reales y solidarios
que, en medio de las diferencias, van más lejos de una superficial tolerancia o
de respeto por las normas, sino que se realiza en la construcción colectiva de
un nosotros que solo se hace posible desde el respeto por la dignidad de todo
ser humano y la confianza en las instituciones.
-El reclamo permanente
por una reparación histórica para Misiones
El
pasado jueves 21 de abril, el Presidente de la Nación, Alberto Fernández,
encabezó en Neuquén el acto de lanzamiento del gasoducto “Néstor Kirchner” que
no incluye a Misiones entre las provincias beneficiarias. En virtud de ello, el
Gobernador Herrera Ahuad, se trasladó en compañía de los legisladores
misioneros Diego Sartori y Carlos Fernández hasta el complejo Loma Campana que
posee la empresa YPF en Vaca Muerta, para entregarle en mano al Presidente
Fernández el proyecto de ley de expansión de red de gas natural para que llegue
a Misiones.
En
relación a este tema, el Conductor del Frente Renovador de la Concordia,Carlos
Rovira, expresó en un hilo desde su cuenta personal de Twitter un reclamo que
es transversal en el pueblo misionero: “Inclusión
energética y gasífera ya para Misiones! Y urgente solución a las principales
asimetrías de la Nación con nuestra provincia: zona aduanera comercial
especial, compensación energética y nueva coparticipación actualizada que
devuelva el esfuerzo económico y ambiental a los misioneros”.
En
el transcurso de la semana, el diputado nacional misionerista, Diego Horacio
Sartori, presentó en el Congreso Nacional el citado Proyecto de Ley para el
financiamiento de la extensión de la Red de Gas Natural hasta Misiones. Esta
iniciativa contempla la creación de un fondo de inversión a través de una tasa
del 6x1000 sobre la tarifa de gas de los usuarios del resto del país para
permitir la construcción del gasoducto. Además, incluye el establecimiento de
precios diferenciales para el gas envasado que se distribuye actualmente en la
Provincia a través de la creación de un Fondo Compensatorio. De esta manera,
como Misiones no cuenta con Red de Gas Natural, se pretende que el acceso a
este recurso sea a un precio equivalente al de las jurisdicciones que sí
cuentan con dicho acceso.
De
esta manera, el “Fondo de Expansión de
Red de Gas Natural para la Provincia de Misiones”, tiene como objetivo
financiar las obras de infraestructura que son necesarias para concretar el
acceso a un servicio que viene siendo postergado durante décadas sin ningún
motivo válido más que la arbitrariedad promovida por la visión centralista de
los gobiernos nacionales que se han venido sucediendo desde el retorno de la
democracia en la Argentina. Es así que este proyecto que fuera ideado
originalmente por el Ing. Carlos Eduardo Rovira, gestionado por el Gobernador
Oscar Herrera Ahuad y presentado por los actuales diputados renovadores en el
Congreso Nacional, busca subsanar una situación de inequidad histórica que
implica un obstáculo para el desarrollo de la Provincia.
La
extensión del gasoducto a la Provincia de Misiones, además de mejorar el costo
de vida en los hogares, permitirá potenciar el desarrollo de los parques
industriales y ampliar la capacidad productiva de la Provincia.
(Imagen: Vía País)
-La "burbuja" de la
oposición
A
contramano de las necesidades e intereses de la ciudadanía, los representantes
misioneros de las fuerzas nacionales se mimetizan con sus patrones que, desde
Buenos Aires, deciden la suerte de los marginados pueblos de interior del país.
Es
una constante que fuera de los años electorales, los dirigentes opositores se
olviden de las necesidades y problemáticas de los misioneros. Aparecen cuando
se prende la luz de una cámara para grabar un spot de campaña o cuando el
despliegue de las superproducciones fotográficas está garantizado para cubrir
sus reuniones con vecinos que en muchos casos son militantes propios que se
prestan para el montaje de una escena que busca transmitir empatía y compromiso
ciudadano.
Mientras
la gente piensa de qué forma puede hacer rendir más su salario que se escurre
de las manos por efecto de una inflación que se le ha descontrolado al gobierno
nacional, partidos políticos como la Unión Cívica Radical centran todas sus
fuerzas en las elecciones internas. Tres listas se disputan la presidencia del
partido. Con un despliegue proselitista obsceno, han copado cada pueblo de
Misiones con pasacalles e inundado las redes sociales de publicaciones de
reuniones en donde sólo participan ellos, la clase política. Los ciudadanos son
simples espectadores, cada vez más reacios a la participación. El común
denominador en la gente de a pie es “¿qué
me importan las internas partidarias? si no me alcanza la plata para comer”.
Esa disociación entre las prioridades de la clase política y las necesidades de
la gente es que lleva a la desafección política, una reacción que se ha
transformado en un acto reflejo en gran parte de la sociedad.
Por
Nicolás Marchiori (Abogado. Diplomado en Manejo de Crisis y en Análisis de
Procesos Electorales. Posgrado de Especialización en Comunicación de Gobierno y
Electoral. Becario de la Fundación Konrad Adenauer y del Centro de Análisis y
Entrenamiento Político - CAEP Colombia)